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El diseño industrial tiene más caras. Tiene una social, transformadora, alejada de la mentalidad mercantilista o el diseño comercial. Una faceta dedicada a hacer del mundo un lugar mejor o con procesos basados en la participación social, con los derechos humanos siempre en el primer plano.

Con metodologías nativas de diseño gráfico, industrial, de servicios o a dinámicas de grupo y diálogo, el diseño y la economía social y solidaria trabaja para escalar a nivel humano los sistemas y el contexto que nos rodea. Otra cultura corporativa es posible. La creatividad y el nuevo pensamiento se transforman para facilitar un diseño amable, cooperativo, comunitario, agroecológico o feminista.

Esta disciplina se alza como herramienta poderosa para resolver los conflictos que rodean a la sociedad actual y convertir al consumidor en parte de las soluciones. La ambición es revertir las desigualdades sociales, y hacerlo desde design thinking al prototipado ágil, y desde lo performativo a la gamificación. En definitiva, a través de ellos, transformar las sociedades.